Sunday, August 9, 2009

La fin

Aujourd'hui, sans le vouloir vraiment, je débouche la bouteille que j'avais gardé pour toi... Juste pour fêter la fin... Ta fin...

Oscar
Washington, DC, un jour après la fin....

Saturday, August 8, 2009

Monday, July 27, 2009

Aterrizar

Unos días en el sur de Francia me devolvieron a lo que en esencia soy, una persona de familia. Algo que en los últimos años siento que he ido perdiendo. Hace varios años que, en cantidades tan grandes de gente, no me había sentido tan bien. Con los niños, los amigos, los de siempre, sin tiempo. En familia. Aterrizar, ser uno, único entre todos, ser igual a todos. Mi familia vasco-española-francesa me hizo recordar los grandes años de mi vida, los formadores, los que tallaron mis quereres. Se casó mi hermano, el menor, el querido. Y en vez de sentirme solo, me sentí aún más acompañado.
Viajo solo y me pierdo entre aviones de aquí para allá.
Ya no siento en Francia lo que sentía antes de partir, una necesidad de estar, de Paris.
Ahora en Francia, en familia, como en mis múltiples estancias en Lima, esta vez, en mi segunda casa, el País Vasco, me aterrizaron, con dulzura, con cariño, con "muxus" y gritos, entre sobrinos y primos, entre rosé y tinto, champán y paxarán. Entre siestas y despertares, me sentí nuevamente en casa, lejos de las tensiones de los últimos meses, cerca de mi, de lo que quiero, cerca de la simplicidad que busco. Lejos, muy lejos, del desamor, de los desencuentros, de los malentendidos. Cerca de la gente que quiero y me quiere, así no más, simplemente.

Oscar
Bayonne, 15 de julio 2009

Friday, July 10, 2009

Hoy no entiendo por qué te extraño tanto, o simplemente, después todo, de cada segundo lejos de ti, simplemente me doy cuenta que te quiero.

Oscar
Paris, aterrizando 10 de julio 2009

Wednesday, June 17, 2009

Suspiros

Me ves y no te veo,

Te escucho y no te entiendo,

Te espero sin deseo,

No lleno más tu abismo,

no iluminas más mi vacio...

Oscar
Entre Washington y Bogotá

Saturday, June 13, 2009

Desde aqui

hoy te escribo en minúsculas
desde el otro lado
HOY TE PIENSO EN MAYÚSCULAS
DESDE AQUI
hoy te quiero a mi lado
entre mis brazos
hoy te amo inconstante, pasajera
como una estrella
hoy dejo que el tiempo me enseñe
hacia dónde y con quién
hoy más seguro que nunca
simplemente te comienzo a olvidar...

Monday, June 8, 2009

Croissant al desayuno (en preparación)

Te encantan los croissants al desayuno, el café bien negro y dos besos en la mejilla.
Te gusta cuando te mimo, cuando me quedo en silencio y te miro.
Te gustan las flores blancas, los cuadraditos de chocolate y los círculos de amigos.
Adoras las caminatas al atardecer, no te asustan ni la lluvia, ni los chillidos de la calle.
Hablas mientras estudias, duermes en silencio y sonríes al despertar.
Me encantan tus pies descalzos, tu mano sobre la mía y tu mirada al amar.

Para H...
Al principio de junio sin fin...

Carnet de viaje I

Volver a ver un ángel

Fue escalofriante su última mirada...
Deseos de tomarla por la cintura, su diminuta cintura, y robarle un beso.
Desprenderla de su timetable, de ese pequeño papelito que tenía entre las manos, en el que pude reconocer Barcelona como posible destino, como destino final... Sin embargo ibamos del lado equivocado...
Pasó un ángel por mi vida, se detuvo frente a mi, y no lo reconocí...
A medida que mi mirada la seguía, la buscaba, fue incomodándola, la de ella...
Cuando poco a poco fue encontrándola, ella sin saber por qué, voltió y yo me envolví de su dulzura, de su belleza exponencial...
Me miró...
Un segundo, un respiro sin suspiro y escoger...
Entre uno y dos, entre rojo y blanco, entre ángel y demonio.
El ángel entonces, se levanta, distrae mi mirada con sus curbas asesinas, deja caer su mirada y la recojo con delicadeza.
Enrojece, continua su faena y me deja atrás, con dos preguntas sin sentido y mil dudas...
Lo rojo, se distrae, se envuelve en el pasar y desaparece...

Grenoble-Chambery, julio 2006

Notas parisinas I

La amo más que nunca, convencido que su duda fortalece eso inexplicable que nos une. No me ames, amor, dejame volar, ser impredescible, inconstante, aleatorio. No me sigas, amor, disuelveme en el olvido, que me pierda en tus historias sin sentido... No pienses en mi, amor, no me dejes volverme recuerdo, no permitas que lo nuestro sea real. Dejame ahi, donde me encontraste...

Brazos de sol por Alejandro Filio

Seguimos con la música desde Youtube, con el sol en las letras...

Tuesday, June 2, 2009

Wednesday, April 8, 2009

Despedida

Hace una semana conocí una mujer misteriosa. A medida que iban pasando las conversaciones con ella, que la comenzaba a conocer, esa imagen borrosa y los aires a mujer indiferente y fría fueron cambiando... Descubrí una mujer increible... Llena de vida, de pasiones, de contradicciones, quereres, repleta de cosas y con poquito tiempo para compartir todo eso. Descubrí una mujer que se daba por completo, en su vida, en esos instantes, y yo, me di por completo. Dejé de ser racional y le entregué todo lo que llevaba de cariño y alegría, ella me regaló lo mismo con una intensidad sorprendente. Descubrí que podía seguir viviendo, ser libre. Descubrí que podía volver a entregarme sin reparo, sin angustia.


Y desde la cima de ese momento, me dejó caer, en silencio, sin explicaciones, dejó de sostener mi mano firmemente, me soltó la rienda. Hoy sigo cayendo después de 24 horas, hundiéndome en una larga tristeza, larga como mi corazón disléxico.

Washington, DC, abril 2009

Tuesday, April 7, 2009

El tiempo

Hoy aprendí, con una pena terrible que todavía habita mi cuerpo, que las historias se repiten, y, al repetirse, te muestran que los caminos que uno va construyendo, que uno va recorriendo, tienen la facultad de abrir nuevas oportunidades.
Hoy aprendí, que a veces, de vez en cuando y de cuando en vez, el futuro te abraza y simplemente te deja ver el horizonte, ese que te espera, y tú, atónito, comienzas a caminar, sabiendo que lo viste, es quizás simplemente una posibilidad, una más, una entre muchas, la del presente que mira al futuro...

Oscar
Washington, en esos momentos de dudas...

El sentido del reloj

Las agujas del reloj, desde tiempos inmemoriales, tienen un sentido preciso en el que dan vueltas... No hay polo magnético, ni científico alucinado, que haya podido, o simplemente soñado, cambiar su sentido. Así sucede con muchas cosas en nuestra sociedad, así sucede con el amor...

Más allá que hayamos podido, con mucho esfuerzo y voluntad, y sobre todo, dedicación, estado dandole vueltas al revés a ese relojito que suena en nosotros, existe un minuto, un segundo, un instante, en el que el sentido de las cosas, de las manijas del reloj te vence y vuelven a correr irremediablemente en el sentido correcto. Y de repente, desde el vacío que eso crea en un uno, algo, simplemente se rompe... El cristal se fractura y ya!

A veces las cosas suceden como jugando, pero nunca suceden sin tener sentido...


Oscar

Washington, DC, primeros días de abril...

Tuesday, March 31, 2009

Escondido

Me voy quedando solo...
En una sensación bizarra de estar y no estar, de ir y venir.

Washington, DC
Ultimo día de marzo, 2009

Wednesday, December 31, 2008

Mi 2008, el 2008

El 2008 fue un año de encuentros y desencuentros. Un año de muchos cambios, de poca estabilidad. De grandes amigos, de muchos viajes. Comencé a volver y no lo logré pero me quedaron muchas ganas de seguir intentándolo. Mi 2008 se va derritiendo en el verano limeño, soleado y con neblina, con crisis y esperanzas... Mi 2008 se va desenredando y dándole espacio al 2009, no siento el cambio, no siento que sea un paso a algo diferente. Mi 2008 se lleva a la que quise tanto, tanto, quizás demasiado. Se la lleva entre lágrimas y sonrisas de recuerdos. Y al mismo tiempo, se va llevando algo mio que se queda en él, en ella. Mi 2008 se va volviendo EL 2008 y lo voy dejando ir para que se esconda detrás de muchos otros más...

Oscar
Lima 31 de Diciembre 2008.

Wednesday, November 26, 2008

¿Cómo estoy? ¿Dónde voy?

No se cómo, ni cuándo, ni por qué...
LLegué a esta canción derrepente, casi resbalándome...



Friday, November 21, 2008

pENSANDO eN tI

hOY mE lEVANTE pENSANDO eN tI...
cAMINE pOR lA cIUDAD y nO tE eNCONTRE...
eN eL dIA aCARICIE tU rECUERDO y dESPUES tE oLVIDE...
pERO aL rEGRESAR, sEGUI pENSANDO eN ti...
fELIZ cUMPLEAÑOS, dONDE qUIERA qUE eSTES...

oSCAR
Washington, 21 de noviembre 2008

Thursday, September 11, 2008

Una noche inolvidable

Hace años que no veía a una selección peruana de fútbol jugar con tanta garra, dejando la cabeza de lado y jugando con el corazón en la mano. No recuerdo un jugador, Vargas, Varguitas, el Loco, que se diera tanto desde el pitazo inicial hasta el pitazo final, que no llegamos a escuchar porque estabamos celebrando, estabamos gritándolo, saltándolo, llorándolo, viviéndolo como en el estadio, el gol de Fano, del pequeñito que había marcado tanto desde la salida de Argentina, que había como dijo en una entrevista colaborado al trabajo de todos, de una selección... Yo pensaba que por fin teníamos a un equipo, un verdadero equipo, sin individualidades que querían mostrarse, sólo con un trabajo de equipo, que es lo que Chemo ha logrado con estos chicos que sudan la camiseta como no lo veíamos hace varios años. Chávez, corriendo toda la cancha, marcando, desmarcándose, perdiendo la pelota pero luchando, sin dejar al rival respirar... Lo de Vargas es inconmesurable, es grande, el loco simplemente lo dio todo, todo... Cuando comenzó a correr desde detrás de la línea de la media cancha, hacia el arco, creí que él la hacía, que nos libraba, pero el loco no quiso la gloria personal sino la del equipo, le dio un pase perfecto a Fano que simplemente se estiró y celebró, como se debía. Argentina no merecía ganar. Salvo dos o tres inspiraciones divinas de Messi o el juego constante pero sin frutos de Riquelme, salvo en el pase de la jugada de gol, Argentina no había jugado un buen partido, había jugado uno muy malo, sin convicción. Veía atónito como los peruanos ganaban las pelotas en la media cancha, cómo Perú salía de abajo para atacar, sin pelotazos, ordenado, con un Solano poniendo la pauta como capitán. Se merecen la celebración los muchachos, no ganamos pero recuperamos la dignidad, y descubrimos jugadores que quieren sudar la camiseta, vivir el partido, las eliminatorias: Zambrano, Torres, Vilchez, Butrón, Prado, de la Haza, Alva, Salas, Hernán Rengifo, junto con Fano, el mounstro Vargas, loco o cuerdo, pero un grande del balón, Solano, majestuoso, y Chávez, luchador.
Dejo la emoción y veo la tabla de posiciones. Seguimos penúltimos, antes que Bolivia, justo después de Venezuela. Que este sea sólo el comienzo, de una gran aventura, cada partido es importante, se nos viene Bolivia en La Paz y después a medirnos con Paraguay en Asunción, ese Paraguay mágico, que nos sorprende cada vez más a cada eliminatoria.

Oscar

Tuesday, May 6, 2008

El perfecto idiota norteamericano por Jaime Bayly...

Esta es la semana, el mes de la presentación de artículos.
El de hoy, forma parte de mis lecturas semanales de la columna de Jaime Bayly en Correo. Bayly, además de sus programas de entrevistas en la televisión, en Miami, Lima (El Francotirador) y Buenos Aires, escribe semanalmente en una columna llamada Papeles Perdidos en el Diario Correo de Lima.
Este artículo me pareció interesante, por el momento y por lo que cuenta, Bayly, en un estilo tan propio y siempre tan acertado.

Oscar


El perfecto idiota norteamericano por Jaime Bayly

Diario Correo, Mayo 2008

Hace ocho años voté por primera vez como ciudadano norteamericano en un colegio de Key Biscayne. Lo hice por George W. Bush. Me parecía que Gore era soso, aburrido y altanero y que había cierta justicia en que Bush vengara la derrota que su padre había sufrido ante Clinton y Gore. Recuerdo que cuando estaba esperando mi turno para votar unas señoras ricachonas decían que había que votar por Bush porque Gore era un comunista encubierto.

No tardé en arrepentirme. Ya entonces empezaba a sospechar que yo era capaz de gruesas idioteces y que esas idioteces eran tan repetidas y sistemáticas que parecían configurar un claro patrón de conducta. Aquel voto por Bush el año 2000 (uno de esos votos tan disputados en la Florida que acabaron por darle el triunfo, tras el escándalo de los recuentos chapuceros y las protestas de Gore) fue la prueba definitiva e irrefutable de que yo era un idiota peligroso y sin cura. En efecto, fui uno de esos habitantes de la Florida que, demostrando que el sol hace daño, le dimos el triunfo a Bush. Sé que merezco un castigo. Ya Dios se ocupará de ello. Después de todo, es su oficio.

Años después conocí a Gore en unas conferencias pintorescas (y muy bien pagadas) a las que nos invitaron en Guayaquil y le dije que había votado por él y que debía volver a ser candidato para impedir la reelección de Bush. Gore me agradeció secamente, obsequiándome no una sonrisa sino el aborto de una sonrisa, pero creo que, no siendo tonto, advirtió mi condición de embustero. Su esposa Tipper, una mujer encantadora, me trató con más simpatía. Nos hicimos fotos, conversamos durante la cena de asuntos naturalmente frívolos, nos reímos y en algún momento me contó que no conocían el Perú. Le dije que era dueño de un hotel en Machu Picchu y que estaban invitados cuando quisieran, lo cual por supuesto era mentira, porque el hotel no era mío sino de la familia de mi esposa y yo no lo había visitado nunca porque la familia de mi esposa me detestaba (su familia, no ella) y no sólo no dejaría entrar a un invitado mío sino que tampoco me dejaría entrar a mí, como en efecto nunca me invitó ni me dejó entrar. Tipper, sin embargo, me creyó y apuntó mis teléfonos en Miami y por supuesto nunca me llamó y a la mañana siguiente se fue muy temprano a las Galápagos con Al y las chicas.

En las elecciones del 2004 no dudé en votar por Kerry. Lo hice a pesar de que en una ocasión agentes del servicio secreto me impidieron trotar por una calle adyacente a su imponente mansión de cuatro millones de dólares en Georgetown (que no hace mucho vendió en cinco), interrumpiendo bruscamente mis ejercicios aeróbicos y conminándome a mostrarles unos documentos de identidad que no llevaba conmigo y burlándose cuando les dije que era peruano y profesor de literatura por un semestre en la universidad de los jesuitas en aquel muy estimable barrio de Georgetown. Lo hice porque pensaba que Bush era probadamente incompetente (algo que debí saber cuando voté por él), porque no me parecía razonable invadir un país para derrocar a un dictador e implantar a sangre y fuego la democracia (un modo de exportar la democracia que ponía en entredicho su proclamada superioridad moral) y porque me parecía injusto pagar mis impuestos para que los iraquíes se comportasen como suizos, cuando ellos no parecían interesados en comportarse como suizos sino en que las tropas norteamericanas se largasen cuanto antes para seguir entrematándose los sunnis, kurdos y chiitas sin que vengan unos forasteros a matarlos a ellos. Pero también voté por Kerry porque su esposa Teresa, la reina del ketchup, me parecía brillante y porque si él se había casado con una viuda con un patrimonio de dos mil millones de dólares, su inteligencia estaba fuera de discusión.

Este año no sé por quién votar y tampoco sé si, siendo políticamente el perfecto idiota que soy, debería votar. Los tres candidatos en carrera me gustan. Barry Obama (Barry le dicen sus amigos) me gusta porque es joven y habla claro y se opuso a la guerra y ha demostrado ser un candidato formidable que hizo crujir la maquinaria de los Clinton, que se creía imbatible. Y me gusta porque es negro, hijo de un africano, con una abuela en Kenya que no habla inglés y cría gallinas. Hillary Clinton me gusta porque cuando el mundo supo que Bill le manchaba el vestido de Gap a Monica y la descarada no lo lavaba y además se lo contaba a una amiga que no era tal, Hillary actuó como una mujer de Estado y no como una mujer despechada y sólo por eso merece ser presidenta, porque se ha tragado millones de sapos para serlo y ahora viene un tremendo sapo llamado Barry Obama que quiere estropearle el sueño y ella, claro, no se lo va a tragar. John McCain me gusta porque lo torturaron en Vietnam y no se volvió loco o no del todo y no dejó atrás a sus compañeros de combate y es duro y leal y cree que la guerra debe seguir toda la vida y después también y tiene el coraje de decirlo a sabiendas de que es inmensamente impopular y uno siente que, a diferencia de Bush, si él pudiera ir a la guerra iría encantado y pelearía en primera fila, y me gusta también porque su esposa Cindy tiene cien millones de dólares que heredó de la industria cervecera de su padre, lo que revela que, como Kerry, McCain tiene buen criterio para elegir a sus colaboradoras.

El problema es que ninguno me gusta del todo. Obama no me gusta porque durante veinte años fue a una iglesia en el sur de Chicago donde el pastor Jeremiah Wright decía cosas racistas y venenosas contra los blancos y los judíos, decía por ejemplo que los Estados Unidos crearon el sida para matar a los negros y que se merecían los atentados terroristas del 11 de setiembre y que Dios debía maldecir a ese país, y porque Obama eligió a ese charlatán, que vive por supuesto en una mansión y maneja dos Mercedes, para que lo casara con Michelle, bendijera su casa (la casa que le compró un rufián de Chicago) y bautizara a sus dos hijas, y además tomó el título de un sermón de Wright, “The audacity of hope”, para su segundo libro. Hillary no me gusta porque ya estuvo ocho años cogobernando y ahora quiere ocho años más en la Casa Blanca, después de doce años de Bush padre e hijo sumados, ¿no será mucho? Y tampoco me gusta porque dice que quiere contestar el teléfono rojo a las tres de la mañana, cuando ningún presidente debería contestar nunca el teléfono a esa hora porque, sin dormir bien, seguro que tomará la decisión equivocada, que si Bush y Blair hubiesen dormido la siesta, a lo mejor no invadían Iraq. Y McCain no me gusta porque tiene setenta y un años y a esa edad nadie debería postular a un cargo público ni a ninguna forma de trabajo honrado y porque quiere que las tropas norteamericanas se queden en Iraq un siglo más si fuera necesario, lo que a estas alturas no se entiende y parece un trauma de sus años cautivos.

Entre tantas dudas, lo que es seguro es que le haría un favor a mi país adoptivo si lo exonero de mi voto y que si algún día improbable me encuentro con alguno de los tres candidatos le diré que voté por él y enseguida lo invitaré a mi hotel en Machu Picchu.